
El Deportivo se atascó porque, además, Filipe y Laure no tenían posibilidades para progresar, pendientes como estaban de Navas y Capel. Jiménez abrió el campo, nada nuevo, porque él si dispone de extremos y, además, buenos.Navas se adueñó del partido. Buscó el uno contra uno con Filipe, cayó hacia la espalda de Negredo y, en definitiva, se dedicó a desmontar la muralla blanquiazul. En una de esas excursiones al centro del campo encontró a Negredo en la vertical, topó con un agujero por el medio de la línea de cinco. Tanto defensa para eso. Marcó el delantero internacional, al que ofreció facilidades Manu, que titubeó y se quedó en tierra de naApretó el Deportivo sin elaborar, con balones tras los centrales a Bodipo o centros al área. Uno de ellos, nacido de Filipe, acabó en un testarazo de Juan Rodríguez que se fue al palo.El Sevilla tomó nota del aviso. Le sirvió para entender que la eliminatoria no estaba ganada. El partido viró porque los jugadores del Deportivo, y más en los primeros minutos tras el descanso, comenzaron a asociarse en la medular. Salió Valerón al campo, un futbolista. Ahí sí caben reproches o explicaciones y que alguien diga para qué está el genio de Arguineguín, si puede rendir al ciento por ciento o en pequeñas dosis, las que le pide Lotina y le recluyen en el banquillo incluso cuando más barato está un hueco en la alineación. Tampoco está para alardes. Nada cambió para bien en el Deportivo con su presencia porque el Sevilla retomó el control y sentenció con dos goles consecutivos. Goleó sin piedad, se aseguró un final plácido y convirtió la cita del Sánchez Pizjuán en un trámite.





